Resistir y vender: comerciantes del centro afrontan un diciembre complicado

Resistir y vender: comerciantes del centro afrontan un diciembre complicado

Con el tiempo, la palabra cambió. Pasó de tianguis a bazar, que en esencia se refiere a lo mismo: un lugar donde los comerciantes venden sus productos. El 1 de diciembre, uno de estos bazares se instaló sobre el pasillo de la plazuela Obregón, junto a la Catedral de Culiacán. Cincuenta comerciantes colocaron sus mercancías y, como gesto, el Ayuntamiento de Culiacán invitó las carpas, y evitó cobrar por el uso del espacio.

Seguridad Culiacán

La dádiva del municipio responde al fenómeno de violencia que lleva 15 meses en desarrollo. Los comerciantes tuvieron licencia para exigir que el cobro de piso se ignorara este año a fin de reactivar la economía y liberar el bolsillo de quienes han sido mayormente impactados. Así, el “Gran Bazar Navideño” se llevó a cabo.

Para algunos vendedores, este año las esperanzas eran cortas. Diez de los 50 comerciantes que se encuentran instalados perdieron sus negocios durante el primer año de la guerra, sus locales se vinieron abajo y recurrieron a situarse en la vía pública, de acuerdo con información de Laura Quevedo Pérez, coordinadora del Bloque de Vendedores Ambulantes del Centro de Culiacán.

En palabras de Jorge Armando Juárez Hernández, jefe del Departamento de Mercados y Comercios en la Vía Pública, en el último año 370 comercios en total se han dado de baja. Esta cifra comprende tanto locales concentrados en el primer cuadro de la ciudad como aquellos distribuidos en las colonias. La mayoría de estos casos corresponden a personas que dejaron de trabajar o a puestos que simplemente ya no funcionan.

“Hemos presentado allí diversos cambios. Sobre todo pues existe la situación de que ha bajado, sobre todo la influencia de personas, se han tenido que ajustar horarios en general, como gremio en general, los vendedores a través de sus representantes, porque están agremiados en algunas organizaciones ahí los comerciantes del centro y de otras partes de la ciudad, sí reportan disminución en las ventas, que ha cambiado la dinámica de comercio que ellos mismos manejaban, se mantienen, sobreviven, pero pues sí les ha mermado, en cierta medida”, detalló Juárez.

El departamento observó un aumento en las solicitudes de permisos para vender en la vía pública. Principalmente, estos aumentos o “apariciones” de nuevos comercios se han ido instalando en las periferias, es decir, al interior de las colonias, ya que para los dueños —específica Juárez— esto representa una opción económica; sin embargo, algunos se han ido regulando y otros, reubicando.

“Lo que hemos hecho nosotros es pues no aumentar como tal o en automático la cantidad de permisos, sino que ir controlando dependiendo de las ubicaciones y la situación de cada espacio, de cada situación particular, porque a veces para la cuestión de un permiso hay que considerar varios aspectos”, señaló.

Entre los aspectos, se analiza si ya existen puestos con el mismo giro en la zona inmediata para evitar saturación, el puesto no debe representar un riesgo para la vialidad ni obstruir el paso de los peatones, se cuida que la instalación no afecte a domicilios particulares o a locales comerciales ya establecidos

 

Corredor navideño

“Anteriormente trabajamos, pero cada quien traía su carpa, pues ahora quedó se me hace que quedó más mejor, más organizado. Sí, la gente ya se acerca más”, detalló “Guillermo”, un comerciante dedicado a la venta de ropa.

Él mantiene su local en la calle Carrasco y, en los últimos meses, ha registrado muy malas ventas; pero con la llegada de diciembre, sus números mostraron una mejoría. A pesar de que se organizó este año con los gastos —detalla—, la situación estuvo dura. “No cerré el local, pero la gente está a punto porque la renta te come si no hay venta y los gastos siguen y siguen”.

Normalmente paga 20 mil pesos de renta, más empleados y el pago de servicios básicos; al mes, sus gastos ascienden hasta los 30 mil pesos. Si un día, en una buena venta, saca 10 mil pesos, a él solamente le quedan libres de 2 a 3 mil pesos.

“Ahorita se podría decir que está bien, porque a cómo ha estado la inseguridad de que empezó todo este desmadre, la neta sí bajó mucho. Por ejemplo, a mí en el local me bajó como un 70 a 80 por ciento la venta, mucho, mucho. Y ahorita pues la venta aquí estamos un poco ya alegres porque si ha habido ventecita, pero no como debe de ser, no como otros años”, puntualizó.

Sobre el corredor, entre zapatos y ropa de invierno, Javier levantó su puesto. Los altos costos de la renta y el impacto de la violencia lo obligaron a cerrar su local ubicado en pleno Centro Histórico, entre las calles Morelos y Rubí. Sostenerlo dejó de ser rentable: pagar mensualmente entre 13 y 15 mil pesos por un espacio es caro, además de enfrentarse a la baja afluencia de compradores.

A pesar de la situación, —señala Javier—, las ventas no han ido tan mal en comparación con el año pasado. Comenzaron con lentitud, pero poco a poco avanzan. En años anteriores, el bazar iniciaba cada 15 de diciembre, y ante la crisis, las autoridades y los líderes comerciantes tomaron la decisión de extenderlo durante todo el mes hasta el 6 de enero.

Puestos más adelante, “María” preserva su negocio de cachivaches electrónicos, juguetes y otros artilugios para el hogar. Para ella, las ventas no han avanzado como le gustaría. Este año esperaba que estuvieran bajas, y solo le queda resignarse y esperar que, en los siguientes días, sus números aumenten.

Artículo publicado el 21 de diciembre de 2025 en la edición 1195 del semanario Ríodoce.

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